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El Passer domesticus, más conocido como gorrión común, es uno de los pájaros que mejor se ha adaptado a vivir junto a las personas. De hecho, nos acompaña desde hace unos 10.000 años, cuando comenzamos a cultivar y almacenar grano.

Pero algo está cambiando. En los últimos 40 años, su población en Europa se ha reducido aproximadamente a la mitad. En ciudades como Londres, Bruselas o Praga, su presencia es cada vez más escasa.

¿Qué les está pasando?

Los gorriones urbanos viven rodeados de asfalto, tráfico y edificios modernos. Y eso tiene consecuencias:

  • Les cuesta encontrar huecos para anidar en construcciones nuevas, que ya no tienen grietas ni cornisas abiertas.
  • Hay menos árboles maduros y menos plantas que produzcan semillas.
  • Se fumigan parques y jardines, lo que reduce los insectos de los que también se alimentan.
  • La contaminación del aire, el ruido constante y la luz artificial alteran su reloj biológico.

Todo esto les provoca estrés y problemas fisiológicos. Además, algunas epidemias víricas afectan cada año a millones de ejemplares.

Un termómetro de la ciudad

Los gorriones no son solo “pájaros de balcón”. Son un indicador de la salud ambiental. Si desaparecen, significa que el entorno urbano tiene problemas.

Y lo importante es que las personas respiramos el mismo aire, soportamos el mismo ruido y vivimos bajo la misma luz artificial. Si ellos sufren, es probable que nosotros también.

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Hembra de gorrión. Diliff. Wikimedia Commons.

Cuando desaparecieron… y pasó algo peor

En la década de 1950, el gobierno chino decidió eliminar a los gorriones porque pensaba que consumían demasiado grano. La campaña fue tan efectiva que casi desaparecieron del país.

Pero sin gorriones que controlaran a los insectos, las langostas se multiplicaron y devastaron las cosechas. Aquello contribuyó a una grave hambruna que afectó a millones de personas.

La naturaleza funciona como un equilibrio delicado. Quitar una pieza puede desencadenar consecuencias inesperadas.

La científica que escuchaba sus historias

La ornitóloga estadounidense Margaret Morse Nice (1883–1974) fue una de las primeras científicas en estudiar a las aves no solo como especies para clasificar, sino como individuos con comportamientos y “historias de vida”.

Observó durante años a los gorriones y describió sus costumbres, sus relaciones y su forma de criar. Su manera de investigar influyó en la etología moderna y cambió la forma de estudiar a los animales.

¿Volverán a nuestros balcones?

Escuchar el canto de un gorrión puede parecer algo pequeño. Pero cuando desaparece, lo notamos.

Protegerlos significa también mejorar nuestras ciudades: más árboles, menos contaminación, más espacios verdes vivos y menos ruido.

Porque no queremos que el cielo se quede en silencio.

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